Entrar    
 + Registrar
  • Main navigation
En Facebook
Permisos de Pesca
Fase Lunar
Mercado Libre
Autor : DanielCarlos
ID del Artículo : 197
Audiencia : Default
Versión 1.00
Fecha de Publicación: 24/10/2008 15:50:00
Lecturas : 5381
Flora del Delta

EL CEIBO  

  La flor de ceibo("Erythrina crista-galli") , seibo ó bucaré, fué declarada flor nacional argentina, el 23 de diciembre de 1942.  

  Árbol  corpulento, de 5-10 m. de alto (a veces arbustivo) de madera blanca, blanda; ramas arqueadas, aguijones raros recurvos, dispersos, similares a los de las rosas tronco hasta 70 cm de diámetro, follaje caduco de invierno, su tronco es retorcido y sus raíces son sólidas y se afirman al suelo contrarrestando la erosión que provocan las aguas. Sus flores son grandes de un intenso color rojo carmesí.
Crece en las riberas del Paraná y del Río de la Plata, pero también se lo encuentra en las cercanías de ríos, lagunas y zonas pantanosas.
 


flor del ceibo

Esta es la Leyenda de la Flor de Ceibo

       Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo feraz, silvestre, que bañaban las aguas oscuras del río barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz muy dulce, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el agraciado; tanta era la belleza de su canto.

       Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó como el más bravo. Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vió caer a sus seres queridos y ésto le dió fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río.

     Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fué apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por
librarse, aunque era ágil. La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.

árbol del ceibo

     La juzgaron con severidad: Anahí culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fué atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. Las llamas subieron rápidamente, envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada.

     Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció el silencio de la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado. Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían a Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores, rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no lo había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.

     Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la Mesopotamia Argentina. 

 

Edición PescaenelDelta.com -- Octubre 2008 --

Versión Imprimible Enviar este artículo
Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.