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Autor : DanielCarlos
ID del Artículo : 239
Audiencia : Default
Versión 1.00
Fecha de Publicación: 4/1/2007 21:20:00
Lecturas : 8309
Lagunas y Lagos

Pesca en Laguna de Monte

tarariras en laguna de monte

  “Estoy a dos cuadras”. La ansiedad me hizo llamar a Nicolás cuando apenas llevaba 5 minutos de retraso. A las 8:35 subimos las cosas a su auto, dejamos a mi hija en el jardín y nos fuimos para su casa los tres (Emilio venía de lastre), donde nos encontramos con Maxi, el hermano de Nicolás, y pasamos todas las cosas a su auto, un Renault 11 muy cómodo.

  Después de lidiar con el tránsito de la capital, logramos salir de Palermo para agarrar General Paz, Autopista Ricchieri, Avenida Newbery y ruta 205, rumbo a la localidad de Monte.


  A las 11 de la mañana estábamos entrando al apacible pueblo, con ritmo lento a pesar de ser viernes. Antes del mediodía habíamos llegado a nuestro destino: el desborde de la laguna, junto a la ruta, a pocos metros de la isla y unos 100 de la compuerta. Ese punto había sido relevado por Emilio una semana antes con excelentes resultados en calidad y cantidad.

  Un pequeño grupo de depredadores mostraba una decena de tarariras no muy grandes a poca distancia, lo que indicaba que el día podía rendir bien.

  Emilio empezó lanzando contra los juncales, Maxi a un par de metros de él y Nicolás más alejado, a unos 15 metros del resto.

  Yo fuí al lado opuesto del desborde, y comencé a lanzar mi señuelo al centro del charco.

  Las taruchas no se hicieron esperar. A los pocos minutos, y luego de un par de saltos, Emilio cobraba la primera. Que pesó alrededor de 1 kg.

taruchas en Monte

  Nicolás y Maximiliano comenzaron a recibir ataques en sus señuelos casi al mismo tiempo. A los pocos minutos ambos izaban sus piezas casi al mismo tiempo: 1500 y 1000 gramos de pura furia lacustre. Yo, mientras tanto, ayudaba con el copo y con la extracción de los anzuelos….

tarariras en Monte

tarariras en Monte

  Cabe destacar que hasta el momento mis tres compañeros estaban usando los señuelos conocidos como “curu curu”, un señuelo tipo plop que trabaja muy bien a profundidad. Yo, por mi parte, venía probando rana de goma con spinner, pescadito de goma con spinner, cucharita plateada, tucán y tucán flex, sin recibir NI UN SOLO PIQUE, aun cuando habíamos rotado posiciones y estaba ahora en donde los demás sí pescaban. Un verdadero misterio, ya que algunos de los señuelos los estaba haciendo trabajar bien al fondo.

  Los demás siguieron pescando, y sus piques se sucedían tan rápido como sus cargadas. Yo, serio, seguía probando señuelos, profundidades, velocidades y rincones….

Jazzman en Monte

  A las 14 paramos a comer algo. Para ese entonces llevaba casi una hora intentando con un curu curu prestado por Emilio, y los resultados seguían sin variar. No sólo no pescaba, sino que ni siquiera tenía piques. Ya me estaba haciendo a la idea de volver zapatero.

  Cuando volvimos a pescar, bajo un sol duro como un yunque, decidí probar el último señuelo que me quedaba sin usar. Un alfers, no recuerdo el nombre, de color verde y articulado, que varía su profundidad en función de la velocidad de traída. Este señuelo me había dado buenos resultados en el arroyo Las Flores unos meses atrás y yo le tenía fe.

  Tanta fe le tenía, que aproximadamente a las 15:30 recibí mi primer pique del día. Traté de clavar, pero cedió. De inmediato tiré a un par de metros del lugar del pique y comencé a recoger muy despacio. Un fuerte cabezazo me cambió la cara: “VIENE!!!”. Bueno, al menos esa era mi intención, pero mademoiselle Malabaricus tenía las propias, y ofreció fiera resistencia. Luego de unos cuantos saltos y de la zambullida desesperada de Nicolás para copearla, logramos sacarla. Más de 2 kg de músculo tembloroso pendían de la pinza.

  Como era de buen tamaño y encima en la lucha el anzuelo se había ido al fondo (para poder sacar el señuelo tuve que lastimarla muchísimo) decidimos sacrificarla.

Jazzman en Monte

tarariras de Monte

  Volví a tirar y enseguida, otro cabezazo, más fuerte que el anterior. Una tararira que superaba ampliamente en tamaño a la anterior rompió la superficie del agua con un salto furioso. A pesar del esfuerzo por traerla, se soltó…. Esta vez le tocaba ganar a ella.

  A partir de ese momento el pique se hizo realmente muy esporádico, el calor nos tenía agotados y decidimos pegar la vuelta.

  A la noche, en la cocina, la tararira siguió oponiendo resistencia a ser limpiada y fileteada para ser convertida en escabeche, pero el valiente pescador no se dejó intimidar por huesos y escamas y se salió con la suya.

  Queda el recuerdo de un hermoso día y anécdotas como la enorme tortuga que se tragó un anzuelo encarnado con mojarras haciéndonos creer que acabábamos de pescar LA tararira de Monte. Queda también una reflexión: aunque es evidente que la laguna tiene una población de tarariras por lo menos interesante, hay que cuidarlas. Devolver todas las que no estén realmente muy lastimadas, especialmente los ejemplares pequeños, nos asegura buen y entretenida pesca veraniega durante muchos años.

  Si, en cambio, luego de nuestro paso quedan 10 cabezas de tarariras de no más de un kg (como pasó con otro grupito que estaba cerca nuestro), la destrucción del recurso está asegurada.

  Saludos a todos y buena pesca!!!

Jazzman

 

Edición PescaenelDelta -- Enero 2007 --

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